— «El Búho siempre se queda allí, en la esquina de la taberna, con ese bastón de madera golpeando el suelo rítmicamente. Juro por mi vida que la pupila de esa 'máscara' suya me siguió mientras cruzaba la sala; no es porcelana ni madera, es algo vivo que te juzga sin decir una palabra. Nadie me creyó además cuando conté que la lámpara sobre el mesón no proyectaba tras él sombra alguna.»
— «Estábamos acorralando al tal "Búho"; queríamos ver qué escondía tras esa máscara. Él no se inmutó, solo abrió su libro y empezó a tachar con una pluma que no parecía tener tinta. De pronto, el cielo se abrió y la Luna brilló con un tono amarillento. El hombre levantó la vista y dijo: 'La Luna dice que este párrafo es demasiado ruidoso, vamos a borrarlo'. En un parpadeo, mis compañeros simplemente... ya no estaban allí. Sus nombres desaparecieron de mi memoria en ese instante y, donde antes había hombres, habían manchas de humedad en la pared con forma de siluetas humanas.»